Del infierno a Texas (From Hell to Texas) (1958)

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Dirección: Henry Hathaway. Producción: Twentieth Century Fox Film Corporation. Productor: Robert Buckner. Guion: Robert Buckner, Wendell Mayes, según el libro de Charles O. Locke. Música: Daniele Amfitheatrof. Fotografía: Wilfred M. Cline. Dirección artística: Walter M. Simonds, Lyle R. Wheeler. Montaje: Johnny Ehrin. Efectos especiales: . Intérpretes: Don Murray (Tod Lohman), Diane Varsi (Juanita Bradley), Chill Wills (Amos Bradley), Dennis Hopper (Tom Boyd), R. G. Armstrong (Hunter Boyd), Jay C. Flippen (Jake Leffertfinger), Margo (Mrs. Bradley), John Larch (Hal Carmody), Ken Scott (Otis Boyd), Rodolfo Acosta (Bayliss), Salvador Baguez (Cardito), Harry Carey Jr. (Trueblood), Jerry Oddo (Morgan), José Torvay (Miguel), Malcolm Atterbury (encargado de hotel), Harry Fleer, Tom Greenway, Jon Lormer, Dayton Lummis, Julia Montoya, Anna Navarro, Adelina Pedroza, James Philbrook, Silvia Piñeiro, Rush Williams… Nacionalidad y año: Estados Unidos 1958. Duración y datos técnicos: 100 min. Color 2.35:1.

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Henry Hathaway representa una de las figuras tradicionales del cine del oeste, que transitó por todas las etapas del género: su debut en el cine se centró precisamente en el western, El legado de la estepa (Heritage of the Desert, 1932), primera entrega de su ciclo de adaptaciones sonoras de novelas de Zane Grey en clave de serie B; durante los cuarenta ofreció algunos westerns atípicos y casi alegóricos, como es el hermoso e inclasificable The Shepherd of the Hills [tv/dvd: El pastor de las colinas, 1941]; durante los cincuenta se adscribió a la corriente psicológica del momento, con entregas donde destacan El correo del infierno (Rawhide, 1951) o El jardín del diablo (Garden of Evil, 1954); ya en los sesenta se internaría en la corriente revisionista y crepuscular, como son Los cuatro hijos de Katie Elder (The Sons of Katie Elder, 1965) o la famosa Valor de ley (True Grit, 1969).

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Gran maestro de otro género como es el del cine de aventuras, en cierta manera sus westerns están insertos en la estructura del previo, si bien se podría también formalizar ese razonamiento al contrario. De esta manera, Del infierno a Texas (From Hell to Texas, 1958) es una aventura vibrante, plena de acción, pero que Hathaway impregna con el tono psicológico que dominaba en la época. El guion de Robert Buckner y Wendell Mayes, a partir de una novela de Charles O. Locke, hubiera encajado perfectamente para el cine que en esa década realizaban directores como Anthony Mann o Delmer Daves, quienes sin duda hubieran potenciado el carácter trágico de los eventos. Hathaway concede a la narración una lectura más vitalista, aunque sin despreciar los componentes más amargos del conjunto.

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Así, tenemos a Hunter Boyd (estupendo R. G. Armstrong), rico propietario de unas extensas tierras que impone la justicia a su modo. Cuando uno de sus tres hijos muere por accidente, hace responsable del deceso al vaquero que forcejeó con él, Tod Lohman (Don Murray), e inicia una enconada persecución contra él. Toda la película, de hecho, constituye esa persecución, arrancando con esta ya comenzada. A lo largo de todo ese viaje, Boyd irá percibiendo cómo su familia se descompone. Mientras, Lohman cabalga sin descanso, refugiándose solo en la lectura de una biblia que le legó su desaparecida madre, mientras va en busca de su padre; no lo hallará, pero por el camino se irá forjando una nueva familia, gracias a sus sentimientos nobles: es un vaquero al que no le gusta el whisky y que odia matar: “¿Vale más mi vida que la de cuatro hombres?”, se pregunta, ante las consecuencias de su huida. Por su parte, el despótico Boyd, sin embargo, tiene un sentido de la equidad muy peculiar, puesto que cuando uno de sus hijos (Dennis Hopper) mate –accidentalmente– el caballo del protagonista, Boyd le ofrecerá otro caballo y cuatro horas de margen, el período que hubo de avanzar a pie.

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De un modo paralelo iremos viendo el avance de perseguidor y perseguido, y cómo por medio de ese rumbo se van forjando sus personalidades. Al final, todos habrán evolucionado en uno u otro sentido, si bien la conversión del autoritario Boyd resulta mucho más interesante para el espectador, tras un vibrante clímax potenciado por la excelente fotografía de Wilfred M. Cline[1] (Diez forajidos, Pacto de honor, La ley del talión, El rostro del fugitivo), y que sirve con una precisión admirable el tratamiento panorámico que le otorga Hathaway, potenciando, como es costumbre en el género, la presencia del paisaje como un personaje más, que se integra en la acción y la hace avanzar.

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Anécdotas

* Otros títulos anglosajones: Quick Draw at Fort Smith / The Hell-Bent Kid (títulos de rodaje); Man Hunt / Manhunt (Reino Unido). * Título en Argentina: Vendetta bárbara. * Cuenta el mito que Dennis Hopper requirió 85 tomas para hacer bien una escena, lo que condujo a que Henry Hathaway le amenazara con impedirle rodar de nuevo una película en Hollywood. Sin embargo, según Don Murray, eso es falso, y lo prueba que, no solo siguió trabajando, sino que hasta repitió con Hathaway. * Estrenada en Estados Unidos el 1 de junio de 1958. En España se estrenó el 30 de julio de 1961.

Carlos Díaz Maroto

[1] Devaluada en la floja copia en DVD distribuida en España.

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