Christopher Lee: una leyenda viva

Aún no nos hemos repuesto de la impresión. El pasado domingo, 7 de junio de 2015, Christopher Lee falleció en el hospital a las ocho y media de la mañana, víctima de problemas respiratorios y un fallo cardíaco. Poco antes, el día 27 de mayo, había celebrado su cumpleaños en el propio hospital. Tenía 93 años y ya hacía mucho que era una leyenda del cine fantástico. Demos un repaso no exhaustivo a su ingente carrera.

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Sir Christopher Frank Carandini Lee había nacido el 27 de mayo de 1922 en Belgravia, un barrio de Londres, hijo de la condesa Estelle Marie Carandini di Sarzano y de Geoffrey Trollope Lee, soldado profesional. Cuando Christopher tiene cuatro años de edad los padres se divorcian, y después estudia en el Wellington College desde los catorce a los diecisiete años. Luego trabajará como empleado de oficina en dos compañías navieras hasta inscribirse en la Royal Air Force en 1941, con motivo de la Segunda Guerra Mundial. Es cuando acaba el conflicto cuando decide encauzar su carrera hacia el mundo del cine, y entra a trabajar en la Rank Organisation en 1947.

Con casi trescientos créditos en películas, telefilmes y apariciones en series y documentales, su debut se había producido en televisión en 1946 en el programa de televisión de la BBC Kaleidoscope, un programa de variedades en el que participó en dos episodios. En cine su primer cometido fue en el interesante film de misterio La extraña cita (Corridor of Mirrors, 1948), de Terence Young.

En "A Son for Tomorrow"

En “A Son for Tomorrow”

 

Antes de su etapa mítica, coincidió con el gran Terence Fisher en el drama A Song for Tomorrow (1948), y con Peter Cushing en dos películas, Hamlet (Hamlet, 1948), de Laurence Olivier, y Moulin Rouge (Moulin Rouge, 1952), de John Huston, pero no aparecieron en las mismas escenas. Durante los cincuenta trabajó en cometidos menores en películas de todo tipo, así, destaca su pérfido español en la maravillosa El hidalgo de los mares/El capitán Horacio Hornblower (Captain Horatio Hornblower R.N., 1951), de Raoul Walsh. Pero fue en 1957 cuando su carrera varió, cuando una pequeña productora llamada Hammer Films le contrató para un papel de monstruo en una cinta que devendría en un clásico del cine de terror: La maldición de Frankenstein (The Curse of Frankenstein), del nunca suficientemente ponderado Terence Fisher.

 

Su nombre es Drácula

 

Tras hacer de la criatura de Mary Shelley en la citada cinta, Lee vuelve a coincidir con Fisher en la adaptación de otro clásico del género, Drácula (Dracula, 1958). Si en la anterior su compañero de reparto, Peter Cushing, daba vida al doctor Frankenstein, aquí lo hace como profesor Abraham Van Helsing. La película, breve y económica, lima en no poco la trama del libro de Bram Stoker, pero a nivel de espíritu está muy cerca de él, y en el aspecto cualitativo a mi juicio a estas alturas sigue siendo la mejor adaptación que se ha hecho de este clásico. La complejidad expositiva y la riqueza escenográfica se aúnan junto a unas excelentes interpretaciones, donde Lee confiere belleza animal y fuerza depredadora a su monstruo que es más una fuerza devastadora de las convenciones sociales británicas de aquel entonces.

En "Drácula" (1958)

En “Drácula” (1958)

Lee volverá a encarnar al Conde para la Hammer en Drácula, príncipe de las tinieblas (Dracula, Prince of Darkness, 1966), nueva obra maestra de Fisher, Drácula vuelve de la tumba (Dracula has risen from the Grave, 1968), de Freddie Francis, El poder de la sangre de Drácula (Taste the Blood of Dracula, 1970), de Peter Sasdy, Las cicatrices de Drácula (Scars of Dracula, 1970), de Roy Ward Baker, Drácula 73 (Dracula A.D. 1972, 1972), de Alan Gibson, y Los ritos satánicos de Drácula (The Satanic Rites of Dracula, 1973), de Gibson una vez más. Paulatinamente, el vampiro había ido perdiendo intensidad dramática e importancia en los libretos, y el actor se fue desencantando del personaje.

En 1970 se realiza la co-producción entre España, Reino Unido, Alemania, Italia y Liechtenstein El conde Drácula/Count Dracula/Nachts, wenn Dracula erwacht, con producción del británico Harry Alan Towers, quien tiene la mala idea de contratar como director a Jesús Franco. Christopher Lee, engañado por Franco, accede a participar en la película, con la promesa de que, al fin, se tratará de un acercamiento fiel a la novela. Aparece en el set de rodaje con la capa y las lentillas que usó en la Hammer, pero el director madrileño lo rechaza con una sonrisa de suficiencia… El conde Drácula no es solo una película preñada de errores de todo tipo, desde de documentación hasta ambientales, sino que acaso sea el acercamiento más frío que se haya realizado de la vigorosa novela de Stoker.

En la versión de Franco

En la versión de Franco

En el documental sueco Vem var Dracula? (1975), de Calvin Floyd —más conocido por el título anglosajón de In Search of Dracula— actúa como presentador, pero también aparece como Vlad Tepes en las recreaciones históricas que se ofrecen. Y en la comedia francesa Dracula père et fils [tv/vd: Drácula, padre e hijo, 1976], de Édouard Molinaro, vuelve a ser el Conde.

También aparece sin nombre, pero su personalidad es inequívoca, en los dos cameos de las comedias Si quieres ser millonario, no malgastes el tiempo trabajando (The Magic Christian, 1969), de Joseph McGrath, y One More Time [tv/dvd: Una vez más, 1970], de Jerry Lewis.

 

Tras las huellas de Sherlock Holmes

En "El perro de Baskerville"

En “El perro de Baskerville”

La carrera de Lee también ha estado unida al mito de Sherlock Holmes de diversas maneras. En 1959, cuando la Hammer produjo la magnífica El perro de Baskerville (The Hound of the Baskervilles), Terence Fisher quería a Lee como el detective, pero los productores insistieron que fuera Peter Cushing. Finalmente, a Lee se le ofreció el papel de Sir Henry Baskerville, el heredero recién llegado de tierras americanas. Y ha de decirse que el actor cumplió el rol de caballero seductor con un aplomo increíble, ofreciendo una de sus escasas encarnaciones como galán.

Cuando a Fisher le surgió la posibilidad de rodar otra aventura de Sherlock Holmes, ahí no claudicó y consiguió que Lee encarnara al protagonista. Lástima que el resultado fuese uno de sus films más flojos, la co-producción con Alemania El collar de la muerte (Sherlock Holmes und das Halsband des Todes, 1962). Lee, al menos, se divierte encarnando el papel, donde el detective hace amplio uso de su pasión por el disfraz.

Como Mycroft Holmes

Como Mycroft Holmes

En la estupenda La vida privada de Sherlock Holmes (The Private Life of Sherlock Holmes, 1970), de Billy Wilder, no es Sherlock, sino su hermano, Mycroft. Pese a no adecuarse para nada al físico del personaje, Lee aporta una interpretación espléndida, y es una de sus favoritas y de las que se sentirá más orgulloso.

Lee volverá a ser el mejor detective de todos los tiempos en dos mini-series de televisión, Sherlock Holmes y la prima donna (Sherlock Holmes and the Leading Lady, 1991), de Peter Sasdy, e Incidente en las cataratas Victoria (Incident at Victoria Falls, 1992), de Bill Corcoran. Se trata de dos producciones menores pero efectivas, y Lee hace de nuevo una espléndida encarnación, acompañado por Patrick Macnee como Watson —quien en alguna otra ocasión será el propio Holmes—.

En la segunda mini-serie sobre Holmes

En la segunda mini-serie sobre Holmes

Añadamos también su labor como narrador en el estupendo documental The Many Faces of Sherlock Holmes (1985), dirigido por Michael Muscal.

 

Fu Manchú ataca

La creación de Sax Rohmer ya había tenido bastantes adaptaciones con anterioridad, destacando en especial la mejor de todas, La máscara de Fu Manchú (The Mask of Fu Manchu, 1932), de Charles Brabin y Charles Vidor, y el mítico serial Los tambores de Fu Manchú (Drums of Fu Manchu, 1940), de William Witney y John English. En 1965, el productor Harry Alan Towers, ya citado, se hizo con los derechos y puso en marcha El regreso de Fu Manchú (The Face of Fu Manchu), de Don Sharp.

En "El regreso de Fu Manchú"

En “El regreso de Fu Manchú”

El éxito indujo a la creación de un ciclo con un total de cinco entregas, siempre con Christopher Lee en el rol principal, simpáticas las tres primeras, pésimas las dos últimas. Las otras cuatro fueron Las novias de Fu Manchú (The Brides of Fu Manchu, 1966), de Sharp, La venganza de Fu Manchú (The Vengeance of Fu Manchu, 1967), de Jeremy Summers, Fu Manchú y el beso de la muerte/The Blood of Fu Manchu (1968), de Jesús Franco, y El castillo de Fu Manchú/The Castle of Fu Manchu (1969), una vez más de Franco.

En todas ellas, Lee realiza una sobria composición del personaje. Sin embargo, cabe añadir que con anterioridad la Hammer realizó una obvia imitación de Fu Manchú con El terror de los Tongs (The Terror of the Tongs, 1961), dirigida por Anthony Bushell, y donde Lee interpreta a Chung King, líder de la secta de los Tongs, confiriéndole matices siniestros y perversos. El resultado es muy superior a todas las entregas citadas de la serie de Towers, y permanece como una curiosa rareza en la filmografía de la productora.

En "El terror de los Tongs"

En “El terror de los Tongs”

 

 

Otros clásicos del terror

Una vez logrado el éxito con Drácula, la incorporación de Lee en infinidad de películas del género —con las producciones de la Hammer a la cabeza— es consecuencia lógica. Films muy populares, como La momia (The Mummy, 1959), de Terence Fisher (con Cushing de co-partenaire), pero también otros menos conocidos, como una joya del mismo año y director, The Man Who Could Cheat Death. También para Fisher participó en Las dos caras del doctor Jekyll (The Two Faces of Doctor Jekyll, 1960) —donde encarna a otro seductor—, la magistral La gorgona [tv: La Medusa; vd/dvd: La leyenda de Vandorf] (The Gorgon, 1964) —en la que vuelve a coincidir con Peter Cushing—, y la espléndida The Devil Rides Out [tv/dvd/bd: La novia del diablo; vd: La batalla de Satán, 1968], donde encarna al detective de lo oculto, el duque de Richleau, en un proyecto que él insistió a la Hammer que se hiciera.

En "La novia del diablo"

En “La novia del diablo”

 

Lee también es llamado a Italia en bastantes ocasiones, país donde cabe destacar, al menos, cuatro cintas: uno de los mejores peplums, fusionado con terror, Ercole al centro della Terra [dvd: Hércules en el centro de la Tierra, 1961], de Mario Bava; otra joya de Bava, el horror sadiano La frustra e il corpo (1963); otra cinta por derroteros similares, El justiciero rojo (La vergine di Norimberga, 1963), de Antonio Margheriti; y una co-producción con España que adapta la Carmilla de Sheridan Le Fanu, La maldición de los Karnstein/La cripta e l’incubo (1964), de Camillo Mastrocinque.

A inicios de los setenta surge una eclosión del género en Inglaterra, y Lee trabaja activamente film tras film, así cabe destacar La mansión de los crímenes (The House That Dripped Blood, 1971), de Peter Duffell, para la Amicus; la estupenda co-producción con España Pánico en el transiberiano/Horror Express (1972), de nuestro Eugenio Martín; la interesante Noche infernal (Nothing But the Night, 1973), de Peter Sasdy, producida por él mismo para su compañía Charlemagne, que, debido a su fracaso, fue la única que hizo; la fascinante The Creeping Flesh [tv/vd: El esqueleto viviente; vd: Cuerpos vivientes, 1973], de Freddie Francis… Y, sobre todo, The Wicker Man [tv/vd/dvd: El hombre de mimbre, 1973], de Robin Hardy, su película favorita, una fascinante crónica sobre la pervivencia de cultos paganos en la actualidad, y donde hace una creación extraordinaria.

En "The Wicker Man"

En “The Wicker Man”

 

A la vejez, viruelas

Como hemos visto, su carrera no fue insignificante, precisamente. Sin embargo, cuando ya tenía no poco crédito a sus espaldas, y ya era un anciano, dos papeles le volvieron a traer al candelero, e hicieron que las jóvenes generaciones que ignoran el cine clásico lo conocieran.

En 2001 Peter Jackson hace frente a su monumental adaptación de El Señor de los Anillos (The Lord of the Rings, 1954-1955), de J.R.R. Tolkien. Y toma la excelente decisión de contratar a Lee para el papel de Sarumán el Blanco. No sólo eso, sino que amplía el rol del actor con respecto a lo que el personaje aparece en los libros, teniendo presencia fundamental en la trilogía fílmica (aunque en la tercera entrega recorta su papel para el montaje estrenado en cines). Inclusive lo hará aparecer en El hobbit: un viaje inesperado (The Hobbit: An Unexpected Journey, 2012). Durante el rodaje de esta Lee ya estaba enfermo y aceptó aparecer con la condición de rodar en Londres, y todo se hizo con las mayores facilidades posibles. Lee, desde luego, realiza una portentosa interpretación de Sarumán, ayudado por la fuerza de su mirada y la potencia de su voz, que con la edad se ha ido haciendo más grave, pero sin perder su perfecta dicción británica. Sin embargo, su aparición en El hobbit puede considerarse más bien un triste testimonio.

Como Sarumán en la trilogía de Peter Jackson

Como Sarumán en la trilogía de Peter Jackson

Un año después que Jackson, esto es, en 2002, George Lucas efectúa una labor de recuperación similar a la del neozelandés. Algo lógico, por otra parte, pues ya en La guerra de las galaxias (Star Wars, 1977) había hecho alarde de su mitomanía cinéfila contando con Peter Cushing (para un papel destinado inicialmente a Lee, y que rechazó en aquel entonces). Así pues, en la floja Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones (Star Wars: Episode II – Attack of the Clones, 2002) le ofrece un papel llamado Conde Dooku, de connotaciones inequívocas, así como su caracterización, si bien cabe señalar el escaso y torpe uso del que Lucas le hace objeto.

 

Un hombre polifacético

Christopher Lee fue un actor excelente que, como tantos otros de su categoría, se vio “rebajado” a trabajar en cine de terror, lo cual provocó que se le etiquetara y, a nivel de la industria, se le ninguneó su auténtica valía. Lee acabó odiando el personaje de Drácula, y se negaba a firmar autógrafos sobre fotos mostrándole en tal cometido, mientras que era de una gran amabilidad en cualquier otra circunstancia.

En "El hombre de la pistola de oro"

En “El hombre de la pistola de oro”

 

Y cabe señalar que, cuando interpretó otro tipo de papeles, los bordó igualmente, como sucede en los señalados en el sub-capítulo sobre Sherlock Holmes. O también su mítico papel como enemigo de James Bond, Scaramanga, en El hombre de la pistola de oro (The Man with the Golden Gun, 1974), de Guy Hamilton; o el malvado Rochefort en el delicioso díptico de Richard Lester Los tres mosqueteros: Los diamantes de la reina (The Three Musketeers: The Queen’s Diamonds, 1973) y Los cuatro mosqueteros: La venganza de Milady (The Four Musketeers: The Revenge of Milady, 1974); o su papel de marido calzonazos en Aeropuerto 77 (Airport ’77, 1977), de Jerry Jameson; o su Ramsés encarnado en la mini-serie Moisés (Moses, 1995), y que en cierto modo repetiría ese mismo año en The Tomorrow Children: The Rameses Connection, así como en otra mini-serie, En el comienzo (In the Beginning, 2000), de Kevin Connor…

Es muy famosa también la capacidad canora de Lee, donde incluso interpretó musicales como El rey y yo, del que existe edición discográfica. También grabó discos de flamenco y de heavy. Hablaba fluidamente el francés, el alemán, el italiano y el español, y “se defendía” con el griego, el ruso y el sueco. En sus inicios como actor dobló películas extranjeras al inglés, y fue la voz, por ejemplo, de Jacques Tati en la casi muda Las vacaciones de Monsieur Hulot. En ocasiones hasta dobló a mujeres, y Douglas Fairbanks Jr. refirió una vez que Lee era capaz de hablar con cualquier acento. Con una estatura de 1,96 m., Lee fue el actor principal más alto que existió.

Uno de sus discos

Uno de sus discos

Ahora, Lee nos ha abandonado, y el vacío que ha dejado dentro del cine de género fantástico ha sido enorme, hasta el punto de que el último de los clásicos ha desaparecido con él. Hoy todos somos algo más huérfanos. Descanse en paz.

 Carlos Díaz Maroto

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